De mi vida, todo ha sido reinventarme para ir más ligero, una vocación que vive de una intuición personal.

En este proceso he tirado muchos objetos personales, pero siempre he mantenido una palabra a flote: Cronopio.

Este personaje de Cortázar ha sido una guía abstracta de mis pasiones sin sentido, absurdas, que me han acompañado toda mi vida. Como él menciona en una entrevista:

Los cronopios que son un poco la conducta del poeta, del asocial, del hombre que vive un poco al margen de las cosas; frente a los cuales se plantan los famas que son los grandes gerentes de los bancos, presidentes de las repúblicas, de la gente formal que defiende un orden.1​

Es una descripción que me acompaña, y puedo decir sin tapujos, que he podido habitar en la creación como ejercicio diario y agradezco permitirme estar, ver al margen para siquiera platicarlo.

Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.

Aunque en ningún trabajo realizado he logrado describir, atrapar, compartir lo que alcanzo a ver: esa sensación única de estar vivo. Espero lograrlo algún día.

Gracias Cortázar. Yo cronopio.

  1. «Julio Cortázar en ‘A fondo’ (1977) (I)». RTVE.es. 1977.

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