En el análisis del centro del cuarto, sí es que éste existe, observé detenidamente la calle en su parte más larga, estrecha, ahí, el aire matinal despertó a un hombre sin olvido, él silbaba una ligera tonada, reminiscente, y movía el brazo buscando su ceguera y una mirada, la de ella, que se asomaba, ligera. El silbido se repetía cuando ella hablaba, asomando su vientre mojado y él sonreía, ya que ella al principio también dormitaba y en su recuerdo renacía.
Él encontró su ceguera en el análisis del centro del cuarto, sí es que éste existe, observando detenidamente la calle en su parte más larga, estrecha.
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